

El día martes 31 de julio del presente los trabajadores subcontratados de la minera estatal chilena CODELCO llegaron a un acuerdo con los mandamases de la empresa cuprífera en orden a una mejora en sus sueldos, a mejores condiciones laborales y a mayores beneficios sociales en educación y salud para ellos y sus familias. Este acuerdo fue oficializado la tarde del 01 de agosto, y se logró tras 37 días de paralizaciones que redundaron en más de 90 millones de dólares de pérdidas para la compañía del Estado chileno.
La movilización de los trabajadores subcontratistas fue hecha bajo la consigna de “a igual trabajo, igual salario”, ya que ellos por estar contratados por empresas externas que prestan servicios a CODELCO, y pese a realizar las mismas faenas que los trabajadores de planta de la minera estatal, presentan una situación laboral y salarial bastante desmejorada en relación a éstos. Por más de un mes cerca de 30 mil subcontratistas interrumpieron las labores normales en las minas Radomiro Tomic, El Salvador y El Teniente, no sólo mediante la paralización, sino también utilizando medidas de fuerza, única alternativa para que las autoridades de la empresa y sus jefes en el gobierno tomaran nota de las peticiones de los huelguistas. Bloqueo de caminos, quemas y apedreos de buses de CODELCO, y protestas de solidaridad con los mineros en ciudades como Antofagasta, Rancagua y Santiago marcaron la tónica de las últimas semanas en Chile.
Durante semanas las autoridades de CODELCO, apoyados por el gobierno se negaron a dialogar, y utilizando como justificación las necesarias medidas de presión hechas por los mineros, amenazaron con la aplicación de la “ley de Seguridad del Estado”, criminal legado del dictador Pinochet. Ente los que propugnaban este tipo de medidas se encontraba el infaltable enemigo de los trabajadores y campeón del Neoliberalismo en el gobierno, el Ministro de Hacienda Andrés Velasco, que sería mejor que se devolviera adonde sus amos norteamericanos, en vez de mantener al pueblo chileno con bajos sueldos y sometido al incesante encarecimiento de los artículos de primera necesidad.
Pero la fuerte presión de los mineros, unido al temor de que el conflicto se agudizará y se extendiera a las principales ciudades del país (en cuyo caso el gobierno “socialista” de Bachelet no lo hubiese pensado dos veces para ordenar reprimir salvajemente a los obreros) determinaron al gobierno a dar su brazo a torcer, y por mediación del obispo católico Alejandro Goic, la noche del 30 de julio se logró en la ciudad de Rancagua un acuerdo entre CODELCO y la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), el cual fue aprobado por las bases de los subcontratistas de las distintas minas del país paralizadas, en el transcurso del 31 de julio. Finalmente, el acuerdo final fue firmado en la tarde del 01 de agosto en las oficinas centrales de CODELCO en Santiago. Entre los logros de los subcontratistas se encuentran la concesión de un bono salarial por $450.000 (unos 870 dólares), el pago de 8 días de los 37 en que estuvieron paralizados, la concesió de bonos de productividad, mayor cobertura en salud para ellos y sus familias y la entrega de bonos educacionales para sus hijos.
Sin embargo, los dirigentes de los subcontratistas han sido claros en destacar que si bien han conseguido una victoria, la lucha proseguirá. No sólo velarán atentamente por el cumplimiento del acuerdo, si no que además han señalado inequívocamente que su siguiente paso es movilizar a los trabajadores subcontratistas que laboran en las mineras privadas. El vocero de la CTC, Roberto Arriagada destacó la situación de los mineros subcontratados en la minería privada del cobre: "Ellos ya estaban esperando el vamos, pero antes de que terminara en Codelco nosotros estábamos preparados desde un principio, nosotros iniciamos con una fuerza laboral de 80 mil trabajadores, esos 80 mil se dividen en 28 mil que son de la empresa estatal y 50 mil que son de las privadas, es el universo de trabajadores contratistas que trabajan para el cobre”. Arriagada agregó: "Vamos a tratar en lo posible de hacer el levantamiento completo de los 50 mil trabajadores de empresas privadas, cómo lo vamos a hacer, queremos poner al frente, puede ser el Consejo Minero o la Asociación de Industriales", en una clara advertencia a los capitalistas privados dueños del 70% de la producción total del cobre.
Finalmente, otra arista de la movilización minera se abrió la tarde del 31 de julio en Rancagua cuando un subcontratista fue secuestrado por los agentes de la represión mientras se dirigía a una reunión con sus compañeros. Se espera que el día 01 de agosto sea puesto en disposición de los Tribunales Penales acusado de la quema de un autobús y arriesgando una eventual privación de libertad. Este último suceso demuestra a las claras que el gobierno chileno busca criminalizar los actos de legítima protesta de los mineros, imponiéndoles penas de presidio para así atemorizar futuras movilizaciones de los trabajadores en Chile.
LECCIONES DE LA MOVILIZACIÓN MINERA:
1- La primera enseñanza de la lucha de los trabajadores subcontratistas de CODELCO dice relación con la actual situación de la minería del cobre en Chile. Actualmente sólo el 30% de la producción del cobre está en manos de los chilenos. El 70% restante está en poder de capitales privados, en su mayoría extranjeros que se beneficiaron de la política de desnacionalización impulsada por los neoliberales de la Concertación, en el poder en Chile desde 1990 (el cobre había sido nacionalizado en 1971 por Salvador Allende). El cobre chileno constituye más de la mitad de la producción del cobre en todo el mundo y, por lo tanto, es un hecho bien conocido que el cobre constituye la principal riqueza de Chile, por lo que es impresentable que no sirva al pueblo chileno, ni siquiera a los propios mineros. Por eso es urgente e impostergable la Renacionalización del cobre, para que sean nuevamente los chilenos los dueños de esta riqueza. Sólo con esta medida se podrían resolver no sólo los problemas que aquejan a los mineros del cobre, sino también muchos problemas de todos los chilenos por las enormes ganancias que entrega este mineral. Pero como sabemos que este gobierno es un servil lacayo de EE.UU. no esperemos este tipo de medidas, las que sólo se podrían dar con un verdadero régimen socialista, el cual sólo es
alcanzable mediante la revolución.
2 - La segunda lección tiene que ver con la forma en que los subcontratistas consiguieron sus objetivos. Ellos se vieron forzados legítimamente a sobrepasar la legalidad burguesa para que fueran escuchados. El bloqueo de caminos y la quema de buses, por lo tanto, fue una táctica válida que no sólo demostró a las autoridades la decisión de los mineros, sino que también volcó la atención nacional sobre su lucha. Y con tales antecedentes, para lograr la solución de su conflicto, debieron nuevamente sobrepasar las cadenas de la ley burguesa, forzando a CODELCO a una negociación ínter empresa (entre los mineros, las empresas contratistas y CODELCO), algo que está prohibido por las leyes laborales. La solución al conflicto, por lo tanto, se logró en el hecho no en el
derecho, incluso contrariando a la ley capitalista.
3 - La movilización de los subcontratistas de CODELCO ha acentuado la división entre los obreros conscientes y la “burguesía obrera”, en este caso los trabajadores de planta de CODELCO (que tienen salarios y bonos de producción muchos más altos que la abrumadora mayoría de los obreros chilenos, además de toda una serie de regalías), lo que demostraron una nula solidaridad de clase con sus compañeros subcontratistas. Incluso, sus líderes socialistas pequeño-burgueses se dirigieron al gobierno para exigir la represión de los subcontratistas que no los dejaban ingresar a sus trabajos.
4 - Y, por último, pero no menos importante, el paro de los subcontratistas es una muestra más de la precariedad laboral que afecta a la inmensa mayoría de Chile, especialmente a su clase obrera, y también de la toma de conciencia cada vez más intensa de amplios grupos sociales en cuanto a la necesidad de la movilización como único instrumento de presionar al Neoliberalismo y, eventualmente, destruirle, uno de los objetivos primordiales (junto a la instauración del Socialismo) de todo revolucionario.
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